Cuando el primer combo no siempre gana la pelea

La abrupta cancelación de la reunión bilateral entre el presidente Gabriel Boric y José Antonio Kast el martes 3 de marzo - y los hechos que se desencadenaron después - dejaron en evidencia algo que va más allá del conflicto puntual: cada actor tomó decisiones comunicacionales precisas y esas decisiones tuvieron consecuencias que vale la pena analizar.

La secuencia fue clara: Kast exigió una retractación pública, Boric se negó, Kast se retiró y desde la Oficina del Presidente Electo (OPE) se suspendieron las reuniones bilaterales. Ese mismo día, el ministro Muñoz reconoció que había reservado información sobre el cable para una reunión posterior que finalmente nunca ocurrió. Todo esto, a ocho días del cambio de mando.

Más allá del episodio puntual, lo interesante es observar cómo se configuró la disputa comunicacional que siguió. En política y especialmente en situaciones de crisis  no solo importa lo que ocurrió, sino quién logra instalar la interpretación de lo ocurrido. En ese terreno, cada gesto, cada declaración y cada silencio pasan a formar parte del relato.

I. La teoría del primer combo

  • Hay un dicho que podría parecer pertinente en este caso: en las peleas callejeras, quien da el primer combo gana la pelea. La lógica es simple. Quien habla primero instala la agenda, define los términos y obliga al otro a reaccionar. En ese esquema, la velocidad es poder y la iniciativa es ventaja.

  • Pero este episodio muestra que esa regla no siempre se cumple.

  • Boric dio el primer combo: salió primero, habló primero e instaló la primera versión de los hechos. Tácticamente le funcionó. Durante varias horas dominó la agenda. Pero al hacerlo también quedó en la posición que Kast necesitaba: la de quien explica, responde y se defiende.

  • En comunicación de crisis hay una distinción que los equipos políticos suelen confundir: ganar el momento no es lo mismo que ganar el relato. Son cosas distintas y, a veces, incluso se contradicen.

  • Boric ganó el momento inicial. Pero el desarrollo posterior del episodio permitió que Kast terminara instalando un marco interpretativo más favorable para su propia narrativa política.

  • La paradoja es clara: al intentar dominar el inicio de la jornada, el gobierno reforzó el relato que el presidente electo venía construyendo desde antes. El primer combo dominó el comienzo. Lo que queda menos claro es si ese golpe realmente ganó algo o si terminó entregando algo más importante: la autoridad percibida con la que Kast llega al poder el 11 de marzo.

  • Y esa es, tal vez, la única certeza de este episodio: en política, el relato suele pesar más que el momento.

II. El tono del gobierno fue su primer problema

  • Boric salió rápido a un punto de prensa rodeado de ministros. Fue el primero en hablar y puso el tema en la agenda. Pero apareció visiblemente molesto, y eso tiene un costo comunicacional que no se puede ignorar. En comunicación de crisis, el tono es tan importante como el contenido.

  • Un gobierno que reacciona con molestia visible transmite que el otro lado lo sorprendió, lo incomodó, lo sacó de su posición. Y esa imagen, aunque sea discutible o incluso injusta, es la que queda. La molestia es la confesión involuntaria de que el golpe se sintió.

  • El problema es que el gobierno cargaba además con una vulnerabilidad real que ningún punto de prensa podía borrar: su propio ministro acababa de admitir públicamente que había guardado información. A eso se suma una secuencia de errores, omisiones y trascendidos que han rodeado todo el proceso del cable submarino... En ese contexto, afirmar que el traspaso ha sido plenamente transparente resulta complejo cuando el propio proceso aparece marcado por omisiones, contradicciones y explicaciones tardías.

III. Kast habló segundo y controló la narrativa final

  • Cuando Kast tomó la palabra desde la OPE, no compitió por velocidad. La puesta en escena fue calmada, técnica y ordenada: falta de transparencia, fuerza de tarea, recopilación de antecedentes.

  • Hay una ventaja estructural en hablar segundo que se suele subestimar: quien llega después conoce ya la versión del otro y puede modular su respuesta en consecuencia. Kast no solo respondió al argumento, respondió al tono. Y al hacerlo desde una posición completamente distinta, produjo el contraste más dañino para el gobierno: el de la serenidad frente a la agitación.

  • En política, la calma se lee como control. No importa si es real o construida. Lo que el público percibe es que uno de los dos líderes tenía el manejo de la situación, y el otro no. Ese contraste no requiere explicación. Se ve solo.

IV. El tuit de Boric lo contradijo

  • Horas después del quiebre y cuando el episodio ya dominaba la agenda pública, Boric publicó en X un mensaje estructurado en tres registros distintos: en el primer párrafo acusó directamente a Kast de haber "empañado la sana y orgullosa tradición republicana"; en el segundo reiteró su disposición a continuar las conversaciones de traspaso; y en el tercero llamó a avanzar juntos y tendió la mano.

  • Un solo mensaje con tres registros incompatibles: la acusación, la disposición y la reconciliación. Quiso ser estadista y fiscal al mismo tiempo, y eso no funciona. Cuando un mensaje opera en tres frecuencias a la vez, el receptor elige la que más le acomoda. En un clima de conflicto, esa siempre es la del conflicto. El párrafo inicial - el de la acusación - anuló todo lo que vino después.

  • En comunicación de crisis, los mensajes mixtos no suman: restan. Si quieres proyectar altura de miras, no puedes hacerlo mientras acusas. Son registros incompatibles, y mezclarlos le entrega al adversario la libertad de quedarse con el registro que más le conviene.

V. El gobierno se alivió tácticamente y pagó un precio estratégico

  • Al provocar el conflicto del traspaso, el gobierno desplazó la agenda desde el terreno más incómodo - las sanciones de EE.UU., el decreto anulado, la admisión del ministro Muñoz - hacia la tensión entre liderazgos. Eso pareció un alivio táctico.

  • En comunicación estratégica, los alivios tácticos casi siempre tienen un precio. Aquí el precio fue concreto: al mover la conversación hacia el estilo del traspaso, el gobierno le entregó a Kast el escenario que más le convenía. Lo sacó del terreno técnico - donde las preguntas eran incómodas pero acotadas - y lo puso en el terreno del liderazgo, donde Kast tenía mejores condiciones comunicacionales para capitalizar el momento.

  • Un gobierno que termina su mandato en ocho días no necesita ganar el debate sobre el cable. Necesita preservar un cierre institucional ordenado. Y al escalar el conflicto del traspaso, expuso ese cierre a una tensión innecesaria.

VI. El conflicto también validó el relato de gobierno de emergencia

  • Kast viene construyendo desde la campaña un relato muy claro: que Chile necesita reordenar la conducción del Estado porque las instituciones han operado con estándares insuficientes. Que se necesita, en sus propios términos, un gobierno de emergencia. El episodio del traspaso lo ilustró con una claridad que pocas veces se ve en política chilena.

  • Un ministro que guarda información, un gobierno que reacciona con molestia, un proceso republicano que se rompe a días del cambio de mando. Kast no necesitó decir nada nuevo. Los hechos dijeron lo que él venía diciendo desde la campaña. En comunicación estratégica, cuando la realidad construye tu relato por ti, no hay campaña más eficiente que esa.

  • Kast no llegó a La Moneda solo a participar en un traspaso y discutir el conflicto del cable submarino. El episodio también le permitió reforzar, ante parte de la opinión pública, el relato que ha venido construyendo desde la campaña: que el país necesita un cambio profundo en la forma de conducir el Estado.

  • Sin embargo, esta estrategia tuvo un costo que no se puede ignorar. Al retirarse de La Moneda y suspender las reuniones bilaterales, Kast asumió el riesgo de aparecer, ante sectores moderados y actores institucionales, como quien quiebra la tradición republicana del traspaso ordenado. Para el electorado que valora la estabilidad por sobre el conflicto, esa imagen pesa.

  • La apuesta de Kast fue calculada: ese precio valía la pena si le permitía instalar desde el primer día la narrativa del reordenamiento institucional. Pero dejó instalada también una pregunta que lo acompañará durante su gobierno: ¿fue el costo necesario o pudo lograr el mismo efecto sin romper el protocolo?

  • Esa pregunta no tiene respuesta todavía, pero ya forma parte del relato con el que Kast inicia su gobierno.

Anterior
Anterior

Emergencia: de minuta de campaña a relato de gobierno

Siguiente
Siguiente

IA en marketing: cuando el riesgo deja de ser tecnológico y pasa a ser organizacional